Día de Abrazar a tu Perro: la verdad incómoda sobre los abrazos.

El 13 de septiembre se celebra el Día de Abrazar a tu Perro. Aprende a leer si al tuyo le gustan y descubre las formas de afecto que sí disfrutan todos.

 

A la mayoría de los perros no les gustan los abrazos. Y no, no es que no te quieran.  Es que un abrazo, en el idioma de los perros, significa casi lo contrario de lo que significa en el nuestro.

Los primates nos abrazamos: es un gesto de consuelo profundamente humano y también de otras especies cercanas a la nuestra. Los perros no son primates, y en su repertorio corporal rodear a otro con las extremidades y restringir su movimiento no comunica cariño.

Sumemos lo que un abrazo implica para ellos: quedan inmovilizados, y un perro que no puede alejarse pierde su principal recurso de seguridad; quedan cara a cara con nosotros, y el acercamiento frontal a la cara resulta tenso entre perros; y muchas veces cargan peso encima, algo especialmente incómodo en animales pequeños o mayores.

Nada de esto convierte el abrazo en maltrato. Lo que significa es que conviene preguntarle en lugar de asumirlo. Y sí se puede preguntar.

¡Acarícialo!  Acarícialo tres segundos, quita las manos y observa qué hace. Si se acerca, se recarga en ti o te da con la pata pidiendo más, la respuesta es sí y puedes seguir. Si se queda quieto, se aleja, se sacude o mira hacia otro lado, te está diciendo que no. Es probablemente lo más útil que puedes enseñarle a un niño sobre perros, y funciona igual con los perros ajenos, siempre después de pedir permiso a quien los acompaña.

Vale la pena aprender también las señales de que quiere que pares, porque son discretas y ocurren rápido. Gira la cabeza para no verte. Se relame el hocico con la lengua saliendo veloz hacia la nariz. Bosteza sin tener sueño. Echa las orejas hacia atrás o jadea sin calor ni ejercicio.

Y hay dos que merecen atención especial: el llamado “ojo de ballena”, cuando voltea la cabeza pero te sigue mirando de reojo y se le ve el blanco del ojo en forma de media luna, y la inmovilidad completa. Un perro congelado no está tranquilo. Está a punto de tomar una decisión.

Esto importa más de lo que parece cuando hay niños en casa. La enorme mayoría de las mordidas infantiles ocurre dentro del hogar, con perros conocidos, y casi siempre en la cara, mientras el niño abrazaba o se acercaba al perro. Y casi siempre el perro había avisado: bostezó, se relamió, giró la cabeza, gruñó. Nadie lo leyó.

Por eso conviene enseñarles cuatro reglas claras: al perro no se le abraza del cuello ni se le besa la cara; si se va, se le deja ir y nunca se le persigue; cuando come, duerme o está en su cama es zona prohibida; y el gruñido jamás se castiga, porque es el único aviso que tiene y castigarlo no elimina el malestar, solo elimina la advertencia.

Ahora la buena noticia, que es larga. El afecto no se agota en el abrazo, y hay formas de demostrarlo que funcionan con absolutamente todos los perros.

La primera es el rascado en el lugar correcto. La mayoría prefiere el pecho, los costados del cuello, la base de la cola y detrás de las orejas, mientras que muchos toleran mal las caricias en la cabeza, las patas y el hocico. Prueba y observa: cada perro tiene su mapa.

La segunda, y la más subestimada de todas, es el paseo de olfateo. El olfato ocupa una porción enorme del cerebro de un perro, y veinte minutos oliendo libremente lo satisfacen y lo cansan más que cuarenta minutos jalando la correa sin detenerse. Es tiempo de calidad real, aunque a nosotros nos parezca que no está pasando nada.

También está el juego que él elige, con una condición importante: déjalo ganar. Ganar construye confianza, y nunca ganar la desgasta. Y está el trabajo mental, enseñarle algo nuevo con premios y voz alegre en sesiones cortas de cinco minutos, porque resolver problemas a tu lado crea uno de los vínculos más sólidos que existen. Algo tan sencillo como esparcir su comida por la sala o esconderla dentro de una caja con papel arrugado lo deja profundamente satisfecho en diez minutos.

Y queda la última, que parece la más modesta y a veces es la más poderosa: sentarte en el piso sin exigirle nada y dejar que él decida acercarse. Para muchos perros, sobre todo los rescatados, poder elegir es el mayor regalo.

Preguntas frecuentes

  • ¿Cuándo se celebra? El segundo domingo de septiembre. En 2026 cae el domingo 13.
  • ¿Entonces está mal abrazar a mi perro? Hay perros que genuinamente disfrutan el contacto cercano, sobre todo si crecieron con él y confían en su familia. Lo que está mal es asumirlo en lugar de leerlo.
  • Mi perro rescatado no se deja tocar, ¿por qué? Está construyendo confianza, y eso toma tiempo. Baja las expectativas de contacto, aumenta la previsibilidad de la rutina y deja que él inicie.

En la Fundación Antonio Haghenbeck rehabilitamos perros que llegaron sin saber que una mano podía ser algo bueno. Enseñárselo toma meses, y verlos entenderlo es lo mejor de este trabajo.

Este domingo 13, celebra en su idioma. Y comparte esto, sobre todo con las familias que tienen niños pequeños y perro.

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